GANADORAS DEL CONCURSO CONSTELACIONES DEL SIGLO XXI. IES SIERRA DE GUDARRAMA


Dos alumnas de 1º ESO del IES Sierra de Guadarrama ha han ganado el segundo y tercer premio del concurso internacional Constelaciones del Siglo XXI convocado por la Asociación Andaluza de Astrogeología. Se trataba de trazar una constelación inventada a partir de una foto de estrellas reales y acompañarla de un texto explicativo.

Cada una de las alumnas ha ganado en un apartado distinto.

  • Sofía Escribano Vázquez de 12 años ha ganado el segundo premio en el apartado Guardería Estelar (de 6 a 12 años) con la constelación del Caballito de Mar.
  • Nuria Hernanz Ona, 13 años, ha ganado el tercer premio en el apartado Estrellas de Población I con la constelación del Grifo


ENLACE PARA VER LOS ALUMNOS PREMIADOS

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Para inspirarse las dos alumnas, junto con sus compañeros de 1º ESO, han utilizado una serie de materiales por el profesor Miguel Ángel Viciana Clemente que aparecen en la web Gran Orator:


ENLACE DE LA WEB DEL PROFESOR

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CONSTELACIÓN DE NURIA HERNÁN

γρυπός

(Constelación de Grifo)


Los antiguos creían que el grifo era una criatura que guardaba grandes cantidades de oro, pero su verdadera historia es la que os relato a continuación.

Un día cualquiera en las montañas, un león y una leona estaban con sus pequeños cachorros. Había una gran tormenta. A pesar de ello, el león y la leona tuvieron que irse de caza, dejando a los pequeños cachorros solos, bajo la fuerte lluvia.

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Ese mismo día un águila volaba en lo alto del cielo. Vio a los cachorros, que se estaban mojando mucho, y decidió abrigarlos bajo sus alas. De repente, apareció el león el cual arremetió contra el águila pensando que los estaba atacando. Más tarde descubrió que, en realidad, los había protegiendo y que sus cachorros estaban secos y a salvo.

El águila se fue herida por los golpes que había recibido del león. Estaba muy decepcionada por lo que éste le había hecho. Por otra parte, el león decidió emprender el largo viaje hacia lo alto de las montañas para darle las gracias al águila por haber protegido a sus cachorros de la fuerte tormenta y disculparse por su violenta reacción.

Fue un largo viaje, pero, al final, el león la encontró. El águila tras escucharle, le perdonó por lo que había hecho. El león y el águila vivieron hermanados para siempre.

De esta fantástica amistad unión surgió la fantasía del grifo, mitad águila, mitad león. Todos decían que, cuando había tormenta, habían contemplado volar, entre las nubes negras, a este extraordinario animal, buscando cualquier ser vivo que pudiese necesitar cobijo y compañía.

Desde entonces, la constelación del grifo da esperanza y ánimo a las familias de animales y de personas, ya que saben que el grifo socorrerá a sus pequeños si se pierden en la tormenta o si se quedan desvalidos y solos sin sus padres.

 

CONSTELACIÓN DE SOFÍA ESCRIBANO

EL CABALLITO DE MAR

Hace mucho tiempo, cuando no había ni aviones, ni coches ni tampoco trenes, la gente usaba los caballos como medio de transporte habitual.

Había un escritor, amigo de un astrónomo, al que siempre iba a visitar sobre las ocho y media, en su transporte habitual, una carroza impulsada por caballos. Los dos amigos solían dar un paseo a la luz de la Luna, hablando de las estrellas y sus constelaciones. Siempre decían que, el elemento del escritor era el agua y el del astrónomo, el cielo. También decían que, de alguna forma u otra, debían homenajear su amistad juntándolos. El escritor siempre escribía sus conversaciones. Él decía que en busca de inspiración. La verdad, es que lo hacía porque padecía de alzhéimer, y no quería olvidarse de su amigo, porque no tenía a nadie más.

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Pasaron días, semanas, meses y años. Y como en todas las historias, llegó el fin, el fin del escritor.

Como estaba solo, sus pertenencias se las quedó el astrónomo. Mientras recogía todo, encontró el cuaderno, en el que estaban guardadas sus mejores vivencias juntos. Tantos años, tantas risas, enfado, conversaciones…TODO lo que habían vivido, lo mantenía en la palma de su mano.

Fue corriendo a donde solían pasear. Se tumbó mirando hacia el manto de estrellas, y, abrió el cuaderno. Sus ojos se inundaron de lágrimas en cuestión de segundos. Apartó la mirada hacia el cielo y vio, un caballito de mar.

El astrónomo recordó que su amigo siempre quería navegar los mares.

El astrónomo se imaginó a su amigo surcando el cielo y, cerró los ojos abrazando al cuaderno.

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