JOHANNES HEVELIUS, CERVECERO Y ASTRÓNOMO 1/3


UN HOMBRE AFORTUNADO

Hevelius tuvo todo a su favor para ser feliz. Sus padres poseían suficiente dinero para darle una educación esmerada; se casó con una mujer, Catherina Elisabetha Koopman, que le acompañó en su pasión por la Astronomía y fue respetado por sus vecinos; sus descubrimientos fueron reconocidos internacionalmente; vivió muchos años con salud. Además, su gran constancia y capacidad de trabajo le permitieron superar las calamidades y envidias.

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Johannes Havelke nació en 1611 en Danzig, una ciudad del norte de Polonia. De familia acomodada, estudió leyes en la reputada universidad de Leiden (Holanda). Al terminar su carrera, viajó por varios países europeos, especialmente Francia e Inglaterra, donde trató con diversos astrónomos y visitó los mejores observatorios de la época. De regreso a su ciudad se dedicó al próspero negocio de la cerveza. Sus conciudadanos valoraron su hombría de bien y le nombraron concejal del Ayuntamiento.

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Sin embargo, Hevelius tenía una afición, la astronomía, que le absorbía la mayor parte de su tiempo libre. De este modo, empezó a construir un observatorio en su propia residencia. Fueron tales la dedicación y el esfuerzo que le dedicó que, con el paso del tiempo, acabó siendo uno de los observatorios más completos de Europa, rivalizando incluso con los que contaban con el mecenazgo de las casas reales. Hevelius fue dotando su observatorio con una biblioteca, con los instrumentos astronómicos que adquiría y con los que él mismo construía en su taller. Un acontecimiento notable fue la visita que Juan II de Polonia y la reina María de Gonzaga efectuaron a su observatorio particular. El reconocimiento de la corte venía de antes, pues ya le habían concedido el permiso real para que dispusiera de su propia imprenta.

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En 1679 se declaró un incendio en el observatorio que consumió gran parte de los tesoros astronómicos que había acumulado durante años. En unos de sus libros posteriores (Annus climactericus) Hevelius afirmó que el incendio había sido provocado y aludía como causa a oscuros manejos contra él. Esta desgracia no le impidió seguir trabajando, y en poco tiempo estuvo en condiciones de continuar con sus observaciones.


Sin duda el instrumento más llamativo que construyó Hevelius fue un telescopio de más de 40 metros. El afán por construir telescopios cada vez mejores empezó en el momento en que Galileo enfocó al cielo su telescopio de no más de metro y medio. El objetivo de lograr más aumentos tropezaba con el hecho de que con las técnicas de entonces resultaba muy difícil fabricar cristales sin defectos. La solución fue aumentar la distancia focal. El problema radicaba en que cuanto más grandes eran los telescopios, más complicado se hacía manejarlos. Con los grandes telescopios resultaba una proeza mantener un objeto enfocado, pues con un poco de viento el telescopio se movía dando al traste con el trabajoso esfuerzo de ponerlo a punto.


A pesar de disponer de este y otros telescopios, Hevelius siempre confió más en su capacidad visual que en los aparatos. Al estilo de Tycho Brahe, que un siglo antes había tabulado en torno a 700 estrellas con gran precisión, Hevelius se subía a la terraza de su casa con Elisabetha, su segunda esposa, y se pasaba horas y horas tomando datos a ojo desnudo. De esta forma elaboró su propio catálogo con más de 1.500 estrellas. Sin embargo, no era el único astrónomo en Europa que estaba cartografiando el cielo. En Inglaterra el director del Real Observatorio de Greenwich, John Flamsteed cartografiaba el hemisferio norte, mientras que Edmund Halley se encargaba del hemisferio sur. Se cruzaron los datos de las observaciones de Hevelius y Flamsteed y se encontraron algunas divergencias. El asunto no habría pasado de ahí, si Robert Hooke, un importante y polifacético científico, pero de agrio carácter, no hubiera elevado el tono de la polémica. Robert Hooke criticó duramente el método de Hevelius y defendió a ultranza las bondades del telescopio con micrómetro.

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Para zanjar la polémica, la Royal Society envió a Edmund Halley a Polonia con el fin de verificar el método de Hevelius. Halley estuvo dos meses realizando observaciones con Hevelius y comprobó que Hevelius, que por entonces había cumplido 68 años, tenía una envidiable capacidad visual que le permitía apreciar las estrellas de la séptima magnitud y registrar su posición con un mínimo margen de error. A su vuelta a Inglaterra Halley hizo un informe en el que ni quitaba el mérito a Hevelius ni contrariaba a Robert Hooke, sino que daba un ejemplo de diplomacia. Pocos años después Hevelius moría y Elisabetha se encargaba de publicar el último catálogo estelar de su marido.

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