ACUARIO – Mito

mito de ganimedes

Ganimedes.-Peter-Paul-Rubens

Júpiter, transformado en águila, raptó a Ganimedes para convertirlo en su copero. El rapto de Ganimedes. Peter Paul Rubens.

 

El silencio de Ganimedes

Ganimedes para su padre, el rey Tros, no era nada más que uno de sus cuatro hijos, y para sus hermanos no era más que el menor de todos ellos. El rey Tros tenía entre sus abuelos a algún dios y se había casado con la hija de un río, pero se sabía preso del destino como los demás mortales. Acababa de fundar Troya, pero Troya todavía era un sueño y ni él se consideraba a sí mismo un rey ni sus vecinos lo tomaban por alguien especial. Tros y su familia estaban muy ocupados con los afanes de cada día y con disponer siempre de alimentos en su mesa. De hecho, el príncipe Ganimedes, como cualquier pastor, se levantaba antes de que amaneciera para llevar el ganado a las montañas cercanas.

Ganimedes-Richard-Evans

Ganimedes. Richard Evans

Un día Ganimedes llegó a su plenitud. La Aurora dio los últimos retoques a su vestido de color azafrán y se encaminó hacia el joven. Deseaba acariciar su pelo y que sus manos se deslizasen por su piel. Una ráfaga de viento la detuvo. El águila de Júpiter se había adelantado. Mientras el águila se elevaba hacia el Olimpo, Ganimedes, apresado por las garras de la gran ave, vio su ganado desperdigándose perezosamente por el campo y a sus familiares agitando sus brazos con desesperación.

                Júpiter llamó a su hija Hebe, la diosa de la juventud. Le ordenó que le diera de beber a Ganimedes el néctar de los dioses. Un trago de esta bebida detuvo el avance del tiempo en su cuerpo. Júpiter también comunicó a Hebe que Ganimedes sería su copero particular. Después encargó a Mercurio que, para pagar la pérdida de su hijo, llevara al rey Tros dos caballos divinos y una cepa de una vid dorada. El mensajero de Júpiter aseguró también al padre que su hijo era feliz en el Olimpo y que mirando al cielo oscuro de la noche recordaría el destino de Ganimedes, pues Júpiter había formado dos constelaciones nuevas: una para el Águila; y otra para su copero, que se llamaría Acuario.

En los banquetes del Olimpo Ganimedes sonreía en silencio y escuchaba las conversaciones de los dioses. De este modo supo que los descendientes de sus hermanos habían fortificado Troya; que sus habitantes habían abierto sus puertas para recibir a Helena, la más bella de las mujeres; que el formidable Aquiles había luchado bajo sus murallas. Más tarde supo que Troya había sucumbido y que de la unión de las almas de Helena y Aquiles había nacido Euforión, un precioso muchacho con alas. De él también se encaprichó Júpiter. Euforión logró escapar del dios volando, pero Júpiter, poseído por la rabia, lo fulminó con un rayo.