PISCIS – Mito

mito de la huida de venus y cupido

Venus-y-Cupido.-Joshua-Reynolds

Venus y Cupido, huyendo de Tifón, cabalgaron en sendos peces hasta un palacio sumergido en la profundidad de un río. Venus y Cupido. Joshua Reynolds

 

El monstruo más monstruoso

Nunca hubo un monstruo tan monstruoso como Tifón. Tifón era fruto de la rabia acumulada de Gea. La diosa Madre no soportaba que sus hijos, los Titanes, hubieran sido derrotados por sus nietos, los Olímpicos. Hacía poco que Gea había lanzado contra estos a los Gigantes, y la verdad es que Júpiter y sus hermanos disfrutaron vapuleándolos. Con Tifón fue muy diferente. Todos los dioses, a los que se debería suponer curados de espanto, salieron corriendo a esconderse nada más divisarlo desde el Olimpo.

Venus-y-Cupido.-Joseph-Bernard

Venus y Cupido. Joseph Bernard

 Minerva, la diosa guerrera, tuvo que insistir mucho para que Júpiter saliera a enfrentarse con Tifón. En los primeros encuentros ganó Tifón. Finalmente, Júpiter se sobrepuso. Descargando sucesivas andanadas de rayos, logró sepultarlo en Sicilia. De hecho Tifón sigue allí; cuando se agita bajo tierra brotan llamas y columnas de humo del volcán Etna.

Mientras todo esto sucedía Venus y Cupido se hallaban muy lejos, descansando a orillas del río Éufrates. La delicada diosa y su hijo se habían marchado los primeros del Olimpo. No compartían en absoluto la afición por las guerras en las que los demás dioses, por un motivo u otro, siempre se veían envueltos. Las armas que les interesaban eran las que desplegaban los amantes para engatusarse y las únicas conquistas que les placían eran las del corazón.

 Venus y Cupido sintieron algo de viento. Pensando que Tifón pudiera acercase, llamaron a las ninfas del río. Éstas les enviaron dos peces en los que se montaron. Tras un agradable paseo por debajo del agua, llegaron al palacio submarino de las ninfas. Allí estuvieron hasta que les llegaron noticias de que Tifón había dejado de molestar. Para recordar a los simpáticos peces en los que habían cabalgado, los dioses del amor los transformaron en la bonita constelación de Pisces.