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URANO 3/5. LOS SORPRENDENTES ANILLOS DE URANO


En 1973 el astrónomo inglés Gordon Taylor predijo que, cuatro años más tarde, la estrella de magnitud nueve SAO 158687 pasaría por detrás de Urano. El 10 de enero de 1977 James L. Elliot y su equipo subieron al Observatorio Volante Kuiper, un avión equipado con un telescopio de 91 centímetros que los llevó por encima de la baja atmósfera terrestre. Esperaban de este modo estudiar los fenómenos que se suelen percibir en las ocultaciones como detalles de la forma de Urano o características de su atmósfera.

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Voyager 2. Coloreado

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La sorpresa llegó al observar que antes de que Urano llegara a la estrella, la luz de ésta se apagó durante siete segundos. A continuación, la estrella volvió a brillar y, acto seguido, se volvió a apagar cuatro veces más, pero nada más que un segundo cada vez. Los astrónomos no sabían que pensar. La primera hipótesis fue que se había dado la casualidad de que las lunas de Urano habían coincidido en la trayectoria de la estrella. Otra posibilidad que se barajó era que se había interpuesto un campo plagado de asteroides.

Anillos Voyager 2

La respuesta no tardó mucho en llegar. Urano siguió avanzando y ocultó la estrella por completo. Pero, al salir la estrella de detrás de Urano, los oscurecimientos se volvieron a producir de un modo idéntico. Ya no había duda. Habían registrado la presencia de cinco anillos. Un año más tarde, el 10 de abril de 1978, el paso de otra estrella confirmó la existencia de los cinco anillos y de otros cuatro más. Por último, la sonda espacial Voyager 2 en 1986 envió fotografías que mostraban los anillos de Saturno en todo su esplendor.


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