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Un diálogo divertido y chispeante entre Apolo y Mercurio en el que se cuenta lo que sucedió cuando Vulcano atrapó a su mujer Venus poniéndole los cuernos con Marte

 

 

 

 

APOLO: Mercurio, ¿qué sucede? No paras de reírte.

MERCURIO: No te puedes imaginar lo que he visto. Algo divertidísimo.

APOLO: Hazme el favor de contármelo para que nos riamos juntos.

MERCURIO: Han sorprendido a Venus acostada con Marte. Se lo han dicho a Vulcano y este los ha capturado en una red.

APOLO: No me digas. Cuenta, cuenta, que parece muy gracioso.

Alessandro  Varotari. Venus y Marte pillados
Alessandro Varotari. Venus y Marte pillados

MERCURIO: Vulcano sospechaba algo hace mucho tiempo, así que se puso a espiarlos disimuladamente. Cuando estuvo seguro de que lo engañaban, ideó una red invisible y la colocó alrededor de la cama. Después Vulcano se marchó a su fragua como si no sucediera nada.

La preciosa Venus se queda en la cama completamente desnuda. Marte, aprovechando la ocasión, se acuesta con ella. Entonces Helios, el dios del Sol, los ve desde lo alto y avisa a Vulcano. Justamente cuando Marte y Venus están en plena faena, aparece Vulcano sin que ninguno de los dos se dé cuenta, tira de la red y los atrapa.

¡Imagínate a los dos en la red! Estrujados el uno contra el otro sin poder moverse.

Al principio Marte busca la manera de escaparse. Pero no hay forma. Intenta rasgar la red, pero Vulcano la había tramado a la perfección con un material irrompible. Al comprobar que no hay forma de escaparse, el feroz dios de la guerra empieza a suplicar a Vulcano con voz lastimera. En cuanto a Venus, la pobre, he de decirte que estaba a punto de morirse de vergüenza.

APOLO: Entonces, ¿qué sucedió? No dejes de hablar, Mercurio, lo quiero saber todo. ¿Vulcano los ha liberado?

MERCURIO: ¡Qué va! Ni mucho menos. Lo que ha hecho Vulcano ha sido convocar a todos los dioses. Cuando no faltaba ni uno les enseñó a los dos adúlteros. Venus y Marte miraban hacia abajo como pidiendo a la tierra que se los tragase. A mí la escena me ha parecido de lo más divertido que he visto. Es que no te puedes hacer una idea del bochorno que estaban pasando. Estaban completamente rojos de la vergüenza.

APOLO: Pero, ¿cómo se le ocurrió a Vulcano descubrir a todos que lo habían engañado? Estaría enfadadísimo para llegar a ese extremo.

Johann Hheiss, Memmingen. Vulcano pone en evidencia a su esposa Venus
Johann Hheiss, Memmingen. Vulcano pone en evidencia a su esposa Venus

MERCURIO: ¡Todo lo contrario! Estaba al lado de Júpìter partiéndose de risa como el que más. Yo te digo una cosa, Apolo, daría cualquier cosa por estar en el lugar de Marte, aunque sea encadenado en una red. ¡Se ha estado acostando con la diosa más bella del Olimpo!

APOLO: No me lo creo, Mercurio. ¿Tú soportaría que se rieran de ti en una situación tan ridícula?

MERCURIO: Venus es una preciosidad. Para mí que no hay ninguna mujer que la iguale. Anda ve a verlos, que el vengativo de Vulcano no los ha soltado todavía. Después de contemplar a Venus, me cuentas si no querrías estar junto a ella de la manera que sea. Pero, espera, que yo te acompaño.

 DIÁLOGO DE LOS DIOSES. Luciano. Diálogo 21.
© Adaptación de Miguel Ángel Viciana Clemente